• Una investigación periodística expone una campaña rusa de desinformación en América Latina.
  • Importa porque busca influir en la opinión pública y debilitar la relación con EE. UU.
  • Lo que viene es mayor presión política y un debate regional sobre información y soberanía.

Una investigación del periodista Jeffrey Scott Shapiro, publicada en The Washington Times, puso bajo la lupa una estrategia rusa de propaganda y desinformación que se estaría expandiendo de forma silenciosa en América Latina.

El análisis describe un patrón que va más allá de mensajes aislados o cobertura sesgada: se trata de una operación diseñada para integrarse al debate público regional sin presentarse abiertamente como propaganda extranjera, aprovechando la diversidad y apertura del entorno mediático latinoamericano.

Propaganda rusa en América Latina ¿Cómo se infiltran los mensajes?

El trabajo de Shapiro documenta cómo medios estatales rusos y redes asociadas han reforzado su presencia en distintos países de la región, no solo a través de canales oficiales, sino mediante alianzas indirectas con medios locales, portales alternativos y figuras influyentes.

El objetivo no sería convencer de forma frontal, sino normalizar ciertas narrativas dentro de la conversación cotidiana.

Según el análisis, este enfoque permite que los mensajes se perciban como opiniones locales o análisis críticos legítimos. De ese modo, se diluye la percepción de que existe un interés extranjero detrás del contenido, lo que aumenta su efectividad y alcance.

¿Qué significa realmente el “lavado” de información?

Uno de los conceptos centrales de la investigación es el llamado “lavado de información”. En la práctica, significa que un mensaje no llega directamente desde una fuente oficial rusa.

Primero se replica, se adapta y se redistribuye a través de múltiples plataformas y voces que aparentan independencia editorial.

Para el lector común, el contenido ya no parece propaganda. Puede presentarse como una columna de opinión, una nota alternativa o un video viral. Esa ambigüedad es clave: cuando el origen no es claro, el mensaje se integra con mayor facilidad al debate público y se vuelve más difícil de cuestionar.

Por qué México es clave y cómo el modelo se repite en la región

México ocupa un lugar central en este análisis por varias razones: su peso político, su cercanía con Estados Unidos y su capacidad para amplificar contenidos hacia otras audiencias de habla hispana, incluidas las comunidades migrantes.

propaganda rusa en América Latina
FOTO: Shutterstock
  • Sin embargo, la investigación de Shapiro deja claro que el fenómeno no se limita a un solo país.

Patrones similares han sido identificados en Argentina, Chile, Colombia, Panamá, Brasil y Perú, entre otros. En conjunto, América Latina aparece como un terreno fértil para una estrategia que busca explotar tensiones históricas con Washington y reforzar discursos críticos hacia Estados Unidos y sus aliados.

Cuando las advertencias reciben un respaldo oficial

Las advertencias planteadas por Shapiro adquirieron mayor peso en noviembre de 2023, cuando el Departamento de Estado de Estados Unidos emitió un comunicado que coincidió con muchas de las conclusiones del análisis periodístico.

  • Washington afirmó que el gobierno ruso financia una campaña de desinformación encubierta en América Latina, diseñada para blanquear propaganda a través de medios locales e influencers.
  • El comunicado identificó a organizaciones vinculadas a operaciones de influencia y señaló que estas campañas buscan socavar el apoyo a Ucrania y fomentar sentimientos antiestadounidenses y anti-OTAN.

Para Estados Unidos, no se trata solo de un problema mediático, sino de una amenaza directa a la estabilidad informativa y política del hemisferio.

La competencia global por influir en América Latina

La preocupación de Washington no se explica únicamente por Rusia. La creciente presencia de China en América Latina, especialmente en áreas como comercio, energía e infraestructura, ha llevado a Estados Unidos a replantear su enfoque regional.

En este escenario, la propaganda y la desinformación se interpretan como herramientas de influencia que acompañan la competencia económica y diplomática.

Desde esta perspectiva, permitir que actores externos influyan en las narrativas locales equivale a ceder espacio estratégico. Por eso, el tema ha escalado desde el ámbito periodístico hasta convertirse en un asunto de política exterior.

Cuando la disputa informativa cruza la frontera

La comunidad mexicana que vive en Estados Unidos también queda expuesta a este fenómeno. Muchas de las narrativas que circulan en América Latina llegan a audiencias migrantes a través de medios en español, redes sociales y conversaciones familiares.

En un contexto donde la desinformación se considera una amenaza estratégica, el consumo de ciertos contenidos puede ser observado con mayor recelo.

Esto puede alimentar la polarización y generar desconfianza, especialmente cuando debates legítimos sobre política exterior, migración o relaciones bilaterales se mezclan con acusaciones de influencia extranjera. Para millones de personas, la disputa geopolítica se filtra así en su vida cotidiana.

El dilema regional: alerta legítima o presión política

El debate sigue abierto. Para algunos gobiernos y sectores sociales, las advertencias de Estados Unidos reflejan un problema real que debe tomarse en serio. Para otros, existe el riesgo de que el discurso sobre desinformación se utilice para justificar presiones políticas o limitar la diversidad informativa.

Rusia ha rechazado las acusaciones y acusa a Washington de emplear el tema como parte de su propia estrategia de influencia, lo que añade una capa adicional de tensión al debate.

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Qué sigue

Todo indica que la discusión apenas comienza. A medida que la competencia global se intensifica, América Latina se consolida como un espacio donde se cruzan poder, información y política.

El reto para la región será proteger la pluralidad informativa sin convertirse en un campo de batalla permanente entre potencias, mientras que para el público el desafío será entender quién habla, desde dónde y con qué intereses en un entorno cada vez más complejo.

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